El poder informativo de las banderas
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El poder informativo de las banderas

Para identificar un país, un partido, una empresa o una situación de peligro. Las banderas llevan toda una vida siendo imagen de instituciones públicas y privadas.

Han pasado más de 800 años desde que el rey Eduardo I de Inglaterra obligase a sus embarcaciones a lucir una bandera con la rúbrica de su reino, pero los usos y formas de esta tela de diferentes dimensiones han variado muy poco en ese tiempo. Las banderas, como ya pasase en la Inglaterra del siglo XIII o en la Francia del siglo XVIII, siguen identificando al espacio o individuo que las luce con la localidad, el país o la organización a la que pertenece y, claro, siguen avisando a los que la ven de peligros, procedencias o ideologías. Pensemos en las banderas de las playas que, con sus colores verde, amarillo, rojo y azul, informan del estado del mar o de la calidad del agua al bañista. O en las que ondean en embarcaciones privadas o militares que permiten al navegante saber a qué país pertenecen. Incluso en las carreras automovilísticas, en las que avisan a los pilotos del inicio y final de la carrera, de si hay o no desperdicios en la pista o de si ha sido descalificado.

Quizá sea por el poder informativo de las banderas que las instituciones -sean empresariales, políticas o de carácter gubernamental- las han adoptado como una herramienta más en su plan de comunicación y marketing. Algunas las utilizan para señalizar el edificio donde está ubicado su partido, sindicato o empresa pero, cada vez más, lo hacen para dar imagen de marca a los eventos en los que participan como organizador o sponsor. Una acción que no nos debería extrañar si tenemos en cuenta que, en actos públicos como ferias, concentraciones deportivas, mítines, presentaciones o inauguraciones, las banderas son uno de los pocos elementos que se vislumbran en la distancia y que son capaces de distinguirse entre el gentío. Tomemos como ejemplo a compañías del mundo del deporte: en cualquier carrera o concentración, siempre las utilizan para distinguir su presencia como organizador o colaborador. También podemos fijarnos en las campañas electorales, con banderas del partido presidiendo el escenario y con banderines ondeando entre el público asistente,

Pero con las banderas, por la carga ideológica que conllevan, hay que seguir un protocolo. Si somos una institución privada y hemos decidido utilizar nuestro emblema en un acto público, nunca deberemos ubicarla junto a las oficiales del país o de la comunidad autónoma. La legislación española es bastante estricta en lo referente a estandartes oficiales y nuestra obligación es respetarla. La ubicación correcta de nuestra bandera empresarial sería a la izquierda de la puerta de entrada a la sede empresarial y separada de los emblemas oficiales. En el flanco derecho dispondríamos la bandera del país visitante (izquierda), la del país anfitrión (centro) y la de la comunidad autónoma (derecha). Todas, mirando al frente.

 

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Existe un protocolo respecto al uso y disposición de las banderas oficiales y es necesario cumplirlo (Foto. La Razón.)